EL ÚLTIMO SAMURRAI



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    Pintura del realismo psíquico - 27 x 19 cm

    PINTURAS DE MIGUEL OSCAR MENASSA

    “Todo ese asunto de la materia y de la forma, ¡cuántos viejos cuentos de copulación sugiere!” J. Lacan. Aún

    Miguel Oscar Menassa realiza una pintura absolutamente personal, hasta el punto que incluso el espectador más despistado no tardará en identificar el nombre de su autor. Y, sin embargo, no encontraremos un camino de una sola vía en la exploración que el artista hace de la materia, la forma y el color. Estos tres conceptos, claves en el desarrollo formal de su pintura, son asumidos con absoluta libertad, sin carácter programático, lo que por otro lado hace difícil distinguir en la obra pictórica de Menassa etapas o fases cla- ramente diferenciadas. Como si se moviera en otro plano, al margen de tradicionales cuestiones evolutivas o cronológicas, el pintor ha asumido el gesto procesual de un instante como parte esencial de su pintura. Esto nos lleva a entender cada uno de sus trabajos de manera independiente, como el registro de una experiencia creativa única; o dicho de otra manera, Menassa busca convertir el soporte en un espacio para un acontecimiento, más que para un cuadro. En este sentido se expresaba Harold Rosenberg en 1959, a propósito de las experiencias abstractas de la Escuela de Nueva York, cuyos integrantes –herederos directos de las técnicas automáticas del surrealismo europeo- veían en el soporte una arena en la que obrar, más que un espacio en el que reproducir un objeto. Sin embargo, Menassa parece haber llegado a estas mismas conclusiones a través de un trabajo intuitivo, sin claros referentes históricos, lo que otorga a su producción un carácter extraño en el contexto de la pintura actual.

    Si en su obra poética Menassa rescata las palabras del proceso de erosión al que las somete su uso común, en su producción pictórica la materia se desliza sobre el lienzo violentando las normas de la representación. Su manera de aplicar el pigmento, arrastrándolo con la espátula, perfilándolo con el pincel o proyectán- dolo directamente desde el tubo de pintura, nos revela una versatilidad técnica que busca la expresión, por encima de la convención representativa. En este aspecto enlaza con los pioneros de la abstracción. Y a la vez, inevitablemente, resulta casi automática en el espectador la identificación del contenido de la obra con esos títulos tan concretos, a veces netamente narrativos, que parecen revelarse como el trasunto de la disposición de la materia sobre el soporte. Figuración y abstracción abren entonces un conflicto de fuerzas, sin que ambos términos marquen un límite respecto al otro. En esta tensión con la posibilidad de una lectura referencial, Menassa no nos presta su mirada, sino que busca activar la nuestra. Podemos distraernos descubriendo el contorno de una mujer desnuda o la orografía de un paisaje específico, sin caer en la cuenta de que aquello que estamos viendo es sencillamente la construcción, a través de medios puramente plásticos, de un pensamiento.

    Carlos Delgado 


Menassa

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España (Madrid)
Antigüedad: 11/12/2018

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