JOAN SERRA MELGOSA (1899 –1970) Escena circense con representación de payasos. Etiqueta Sala Parés


4 fotos JOAN SERRA MELGOSA (1899 –1970) ESCENA CIRCENSE CON REPRESENTACIÓN DE PAYASOS. ETIQUETA SALA PARÉS (Arte - Pintura - Pintura al Óleo Contemporánea )

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    Pequeños golpes en las esquinas del soporte


    JOAN SERRA MELGOSA (Lérida, 21.II.1899 – Barcelona, 10.VII.1970)

    Óleo sobre táblex.Firmado y fechado en 1965.Dimensiones de la obra 30x23cm. obra enmarcada.Parte posterior con etiqueta de la Sala Parés.

    Pintor y dibujante catalán. Hijo de maestro y nieto de campesinos del valle del Segre. En 1909 la familia se trasladó a Barcelona Tras desempeñar diversos oficios, entre ellos el de aprendiz de un escenógrafo de la ciudad, en 1915 inició su formación en la Escuela de Bellas Artes de Llotja, donde militó en el grupo de los jóvenes discípulos del pintor Francesc Labarta Planas.Este excelente pedagogo fue uno de los introductores en Cataluña de la oleada cezannista que sacudió Europa entera las primeras décadas del siglo. 

    De ahí surgió el núcleo fundacional de Els Evolucionistes, colectivo de inconformes y bohemios opuesto al clasicismo formulario dominante en la época. Este grupo no tenía un ideario artístico coherente ni una filiación estilística muy definida, a excepción de la proximidad a Cézanne y del rechazo más aparente que real a la generación anterior, a muchos de cuyos miembros admiraban. Sin embargo, conformaron una corriente pintoresca y combativa que fue, en cierto modo, uno de los últimos coletazos de la gloriosa época de Els Quatre Gats. Miembros destacados del colectivo —que fue ampliando su nómina con los años— fueron los pintores Alfred Sisquella y Joan Cortès, poco después decantado hacia la crítica de arte, y los escultores Josep Viladomat, Joan Rebull y Apel·les Fenosa.

    Entre 1918 y 1925 se ubican las exposiciones del grupo, muchas de ellas en las Galerías Dalmau, centro medular de la difusión de las vanguardias europeas en Barcelona. Una parte importante de este período no pudo Serra vivirla directamente al ser movilizado y trasladado a Marruecos como soldado,con destino en un cuartel de Melilla. El lapso de la guerra colonial lo apartó de la escena artística desde octubre de 1921 hasta enero de 1924.

    En 1928 realizó su primera exposición individual en la Sala Parés de Barcelona, un establecimiento que contribuyó al afianzamiento profesional de Serra y de varios de sus compañeros evolucionistas, con quienes mantuvo un vínculo permanente. Entre esta fecha y el estallido de la Guerra Civil se sitúa uno de los períodos más fecundos del pintor, con su asidua participación en muestras de pintura catalana organizadas en Cincinnati (Ohio), Nueva York, Venecia, Buenos Aires, etc., además de sus periódicas comparecencias individuales en Barcelona. Su éxito casi inusitado en esta época, cuando obras suyas entraron en las colecciones más prestigiosas de la ciudad, se debe quizás a que encarnó una pintura del justo medio, ni demasiado convencional ni demasiado comprometida con las vanguardias radicales. Una pintura de trazo grueso, de paleta intensa y pincelada desenvuelta, sin preocupación por el acabado y el solapamiento de una grafía impulsiva, vehemente, turbia.

    Su temática alterna naturalezas muertas de caza o de pesca con motivos del paisaje urbano barcelonés, de sus arrabales y suburbios semirurales, y luego con vistas marineras de Tossa de Mar, de Ibiza, de Calella de Palafrugell. Esta última población de la Costa Brava protagoniza buena parte de la obra de Serra en su madurez. A partir de 1935 y casi hasta su muerte, las marinas de Calella, sus playas recogidas, sus barcas de pesca encalladas en la arena, sus pequeñas casas blancas de estructura cúbica y angostas arcadas, son el escenario predilecto de sus cuadros.

    Como pintor con contrato en exclusiva de la Sala Parés, Serra se benefició de la intensa actividad de promoción que desplegó la decana de las galerías barcelonesas tras los años de la Guerra Civil. Entre 1941 y 1966 expuso individualmente en Madrid, Barcelona y Bilbao, al tiempo que participaba en numerosos certámenes y exposiciones colectivas nacionales e internacionales, a destacar varias de las ediciones de la Bienal Hispanoamericana. En 1950 le fue concedida la medalla Jaime Morera de la Diputación de Lérida por su cuadro La redola de sant Joan, uno de los premios más relevantes de su carrera.

    A partir de 1935 y casi hasta su muerte, las marinas de Calella, sus playas recogidas, sus barcas de pesca encalladas en la arena, sus pequeñas casas blancas de estructura cúbica y angostas arcadas, son el escenario predilecto de sus cuadros. Como pintor con contrato en exclusiva de la Sala Parés, Serra se benefició de la intensa actividad de promoción que desplegó la decana de las galerías barcelonesas tras los años de la Guerra Civil. Entre 1941 y 1966 expuso individualmente en Madrid, Barcelona y Bilbao, al tiempo que participaba en numerosos certámenes y exposiciones colectivas nacionales e internacionales, a destacar varias de las ediciones de la Bienal Hispanoamericana. En 1950 le fue concedida la medalla Jaime Morera de la Diputación de Lérida por su cuadro La redola de sant Joan, uno de los premios más relevantes de su carrera.

    La obra tardía de Serra se caracteriza por una mayor luminosidad y una paleta más encendida y de registro más amplio. La dicción expresiva y vehemente de su juventud se acentúa hasta incorporar soluciones formales de una gestualidad desbordada, desinhibida, casi visceral, acercándose al lenguaje de la abstracción informalista sin renunciar al tema y a la interpretación directa de la naturaleza. Su temática se amplía a partir de 1958 con figuras de bailarinas melancólicas emparentadas con las de Degas y payasos, saltimbanquis tristes y composiciones con figuras circenses o maniquíes enmascarados que evocan lejanamente los de James Ensor y los de José Gutiérrez Solana.