Manuel Rivera (Granada, 1927-Madrid, 1995) serigrafía 1980 de 32x49cms, firmada lápiz y num 17/350


4 fotos MANUEL RIVERA (GRANADA, 1927-MADRID, 1995) SERIGRAFÍA 1980 DE 32X49CMS, FIRMADA LÁPIZ Y NUM 17/350 (Arte - Serigrafías )

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    Manuel Rivera (Granada, 1927-Madrid, 1995) serigrafía 1980 de 32x49cms, firmada lápiz y num 17/350

    Manuel Rivera (Granada, 1927-Madrid, 1995) serigrafía 1980 de 32x49cms, firmada lápiz y numerada 17/350. En perfecto estado!

    Manuel Rivera nació en Granada en 1928 y murió en Madrid en 1995. Inició sus estudios artísticos en su ciudad natal y los continuó en Sevilla. Sus comienzos están enraizados en la tradición figurativa (especialmente el retrato) y desembocó en la abstracción, experimentando en la tela metálica como soporte. En 1957 fundó en Madrid el famoso grupo El Paso, junto con los pintores Antonio Saura, Manuel Millares, Rafael Conogar, Luis Feito, Antonio Suárez, Juana Francés y Pablo Serrano, y los críticos Manuel Conde y José Ayllón, grupo que supone una ruptura revolucionaria en la pintura española de postguerra.

    Desde 1958 Rivera ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en importante galerías españolas e internacionales. Además, su trabajo forma parte de prestigiosas colecciones permanentes de arte moderno (el Museo Británico de Londres, el Instituto Carnegie de Pittsburgh, la colección de arte contemporáneo del Museo Patio Herreriano de Valladolid, el Museo Folkswang de Essen, el Kunsthalle de Mannheim, el Museo de Arte Nacional de Paris, el MOMA, y el Museo Solomon Guggenheim de Nueva York y el Museo Stedelijk de Ámsterdam entre otros).

    En su producción figuran diversas series, como Las Metamorfosis, en homenaje a F. Kafka, y Los Espejos, con planteamientos más constructivistas. En 1981 recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y en 1984 fue nombrado Académico de la Real de San Fernando.

    Se puede ver más sobre él en la galería Leandro-navarro, en el Museo del Grabado Español Contemporáneo, etc.

    La gráfica de Manuel Rivera: Casi toda la obra gráfica de uno de los mejores exponentes de la generación abstracta española de los cincuenta.

    Habiendo sido la obra de Manuel Rivera (Granada, 1927-Madrid, 1995) objeto de diversas exposiciones desde su desaparición hace poco más de un lustro, algunas tan señaladas como la que le dedicó el Conde Duque en 1996 sobre su último y refinado ciclo creativo, la gran retrospectiva del Reina Sofía en 1997 y el cálido homenaje que a principios de este año le ofreció la madrileña galería Almirante, nunca, ni siquiera en vida de quien fue uno de los más sólidos representantes de la gran generación abstracta española de los cincuenta, había sido reunida como en esta ocasión lo más destacado de su producción gráfica, una parcela a la que si bien es verdad que Rivera no concedió la continuada dedicación que observamos en otros pintores de su generación, no por ello fue ésta menos entusiasta y esencial, tratando de trasladar siempre a aquélla los más significativos hallazgos de sus originales composiciones pictóricas.

    El nombre de Rivera, como es bien sabido, está indisolublemente ligado al descubrimiento y empleo a partir de 1957 de la malla metálica, un material pobre al que él dignificó como ningún otro artista y del que extrajo emocionantes e insospechadas posibilidades expresivas. De igual modo que Lucio Muñoz con la madera y Millares con la arpillera, Manuel Rivera, sin duda el menos figurativo de todos los miembros de El Paso, convirtió también la red metálica en el centro de su investigación plástica en torno al concepto de espacio, confiriéndole a sus cuadros ese dramatismo consustancial a quien se sentía heredero de la tradición de la escuela española de pintura, especialmente Goya, pero que, asimismo, profesaba una admiración sin límites por la obra de Piero della Francesca y Franz Kline. El pathos trágico inicial propiciado por la contraposición entre el blanco y el negro, y que era, como en los antiguos griegos, su particular reacción espontánea a las experiencias tenidas en el mundo exterior, se suaviza con el paso del tiempo gracias al uso del color, alcanzando un lirismo subjetivo que recuerda algunos de los trabajos rothkianos. De otro lado, las sutiles transparencias de las mallas, la reverberación cromática, el cinetismo implícito a la materia utilizada, cuyas iridiscentes variaciones el observador puede seguirlas a medida que cambia su posición respecto de la obra, producen un extraño hechizo no exento de misterio que está directamente relacionado con las impresiones guardadas en la memoria como consecuencia del conocimiento de la Alhambra, ejemplo supremo de una altísima civilización a la que Rivera también se sintió estrechamente vinculado.

    Las obras expuestas en Marbella, en su mayor parte realizadas con la técnica de la serigrafía que le enseñaron Sempere y Abel Martín, son otras tantas variaciones de sus preocupaciones esenciales, aunque ahora traduciendo en un plano liso lo que antes se obtenía en tres dimensiones. En este sentido, y sólo por mencionar una de las más esplendorosas, la Serigrafía roja de 1969 desprende un fulgor que nos retrotrae a esa magna pieza del Museo de Cuenca que es el Espejo del Sol, una tela metálica pintada sobre tabla de 1966.

    Manuel Rivera nació en Granada en 1928 y murió en Madrid en 1995. Inició sus estudios artísticos en su ciudad natal y los continuó en Sevilla. Sus comienzos están enraizados en la tradición figurativa (especialmente el retrato) y desembocó en la abstracción, experimentando en la tela metálica como soporte. En 1957 fundó en Madrid el famoso grupo El Paso, junto con los pintores Antonio Saura, Manuel Millares, Rafael Conogar, Luis Feito, Antonio Suárez, Juana Francés y Pablo Serrano, y los críticos Manuel Conde y José Ayllón, grupo que supone una ruptura revolucionaria en la pintura española de postguerra.

    Desde 1958 Rivera ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas en importante galerías españolas e internacionales. Además, su trabajo forma parte de prestigiosas colecciones permanentes de arte moderno (el Museo Británico de Londres, el Instituto Carnegie de Pittsburgh, la colección de arte contemporáneo del Museo Patio Herreriano de Valladolid, el Museo Folkswang de Essen, el Kunsthalle de Mannheim, el Museo de Arte Nacional de Paris, el MOMA, y el Museo Solomon Guggenheim de Nueva York y el Museo Stedelijk de Ámsterdam entre otros).

    En su producción figuran diversas series, como Las Metamorfosis, en homenaje a F. Kafka, y Los Espejos, con planteamientos más constructivistas. En 1981 recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y en 1984 fue nombrado Académico de la Real de San Fernando.

    Estupendo artículo de Luis María Ansón sobre Manuel Rivera:

    Luis María ANSON: EL CULTURAL DE EL MUNDO 20-26 DICIEMBRE 2007 junto al artículo titulado: “La maniobra de ciudadanía al descubierto” Zigzag

    He tenido la suerte de conocer a Picasso, a Miró, a Dalí, a Chillida, a tantos pintores y escultores que han encendido el arte español en las últimas décadas. Privilegios de la profesión. Recuerdo siempre de forma especial a Manuel Rivera. Es uno de los grandes de la pintura del siglo XX. Fue también un personaje humanamente excepcional. Al leer su libro de Memorias (1928-1971), adornado con textos certeros de García Montero y Juan Vida, se me agolpan los recuerdos de tantas noches de conversaciones interminables en las que el pintor se albriciaba de sabiduría. Manolo Rivera no sólo hacía lo que sabía sino que sabía lo que hacía. Era un regalo para el buen gusto artístico oírle hablar. Rafael Alberti, que conocía la pintura a fondo, le admiraba. En mi casa recitábamos versos hasta la madrugada y en un teatrillo que tengo en el sótano, Aitana Sánchez-Gijón estrenó para Rafael Venus y Príapo, que había ilustrado Rivera, y José Luis Pellicena La arboleda perdida. Inolvidables noches de arte y poesía. Mary estaba siempre presente como un sueño de amor y melancolía. Manolo pidió una noche al poeta que le hiciera un prólogo para una exposición. Rafael me pidió un papel y con un rotulador escribió: "Pintor de espejos azules, sonando siempre en Granada, en los jardines tranquilos, sobre el agua. Va el agua diciendo un nombre, Manuel Rivera se llama". Publiqué el verso en una doble página de ABC. Erael retrato exacto de la obra y del alma de Manolo Rivera, inolvidado ahora en el recuerdo, compañero del alma, compañero.

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javiermaite_7

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España (Madrid)
Antigüedad: 22/02/2010

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