Precintada.
Título original
Defending your Life
Año
1991
Duración
112 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Dirección
Albert Brooks
Guion
Albert Brooks
Música
Michael Gore
Fotografía
Allen Daviau
Compañías
Warner Bros, Geffen Pictures
Género
Comedia. Fantástico. Romance. Drama | Comedia romántica. Sobrenatural
Sinopsis
El día de su cumpleaños, cuando acaba de estrenar un magnífico coche, Daniel muere en el acto al chocar contra otro vehículo. Instantes después, se encuentra en La Ciudad del Juicio, rodeado de personas que también esperan la decisión de un tribunal que puede decidir enviarlos de nuevo a la Tierra para darles otra oportunidad en una nueva vida. Allí, Daniel conoce a una mujer, que se ahogó en una piscina, y se enamora perdidamente de ella.
CRITICAS
Cualquier persona con conocimientos acerca de la filosofía oriental, identificará inmediatamente en la película algunos simbolismos , el juicio después de la muerte, el karma, dharma, y hasta el concepto de almas gemelas son algunas circunstancias abordadas mediante un novedoso guión de Albert Brooks, quién también se encarga de dirigir y actuar, para sacar al final una obra redonda, Brooks, se las ingenia para darle un toque “hollywoodense” y hacer digerible la película a la mayoría de público, para eso cuenta con la ayuda excepcional de Meryl Streep y Rip Torn. El inesperado final es muy probablemente la mejor parte del filme.
Tal vez por ser Albert Brooks director-guionista-protagonista (dicen algunos entendidos que cuando concurren esas circunstancias se multiplican los defectos) la película presenta algunas irregularidades, y no deja de ser una fantasía imperfecta; pero hay que reconocer que la trama es ingeniosa, con diálogos y situaciones chispeantes. Brooks y la siempre atrayente Merryl Streep forman una pareja simpática, contribuyendo a crear una atmósfera de tierno romanticismo, pero no muy sensiblero.
Sujetos ambos a un juicio singular, después de su muerte, de cuya sentencia depende que avancen hacia vidas mejores, o que vuelvan a hacer méritos en la tierra, la condena a esto último más bien parece una recompensa, porque entre ambos surgió -como es previsible desde que se conocen- la consabida llama del amor.