Tannhäuser: Célebre por su monumental obertura y la música del Venusberg, que contrasta el fervor religioso con la pasión sensual.
Tristán e Isolda: Incluye su revolucionario Preludio (famoso por el "acorde de Tristán", que cambió el curso de la armonía occidental) y la apasionada resolución musical.
Los Maestros Cantores de Núremberg: Su obertura es una de las piezas más festivas, contrapuntísticas y deslumbrantes de todo el repertorio orquestal.
Lohengrin: Contiene el sublime y etéreo Preludio al Acto I, que describe simbólicamente el descenso del Santo Grial a la Tierra.