Este libro explora el arte románico, centrándose en las joyas de la iglesia medieval. Describe los tesoros eclesiásticos, incluyendo relicarios, casullas, incensarios, candelabros, frontales, libros y crucifijos, hechos con materiales preciosos. Estos objetos no solo eran admirados por su valor y belleza, sino que también adquirían un carácter sagrado debido a su función. En tiempos de dificultad, servían como reserva monetaria para la comunidad eclesiástica.