Este libro narra la historia del monumento a Napoleón creado por Claude Noisot y el escultor François Rude en Fixin, Côte-d'Or. Explora la fe en el poder de la escultura para la resurrección y cómo esta obra surgió en un contexto de cambio en la opinión pública francesa sobre Napoleón, transformando al emperador en un mártir. El autor, Bertrand Tillier, analiza la nostalgia que impulsó a Rude y Noisot a promover esta imagen.