En 'Vampirismo ibérico', Salvador García Jiménez cartografía el rastro de sangre infantil que dejaron los vampiros ibéricos desconocidos tras sus horribles crímenes. Las víctimas eran siempre los más débiles, y la necesidad de obtener sangre era demasiado urgente para atender a razones divinas o humanas. Nada podía interponerse entre su deseo y la presa, y cualquier método era lícito. Algunos fueron juzgados y ejecutados, pero de otros nada se sabe; se salieron con la suya y, quizás, la sangre obtenida prolongó sus vidas y les permitió continuar con sus fechorías con total impunidad. La fascinación por la sangre y sus supuestas propiedades vivificantes es el móvil de estos vampiros, personajes sin escrúpulos que incluyen a todas las capas de la población: desde los analfabetos hasta las clases más adineradas e incluso, según un rumor absurdo nunca confirmado, la propia monarquía.